En enero de 1933, la policía de la II República, bajo un Gobierno republicano-socialista presidido por Manuel Azaña, reprimió con extrema violencia a campesinos anarquistas en Casa Viejas, provincia de Cádiz. Murieron veintitrés campesinos y tres agentes del orden. La represión fue ejecutada por miembros de la Guardia de Asalto, unidad republicana “pata negra” creada por el nuevo régimen, que desconfiaba de la guardia civil.
Casas Viejas fue producto de la agitación anarquista sobre unas masas campesinas descontentas por la marcha de la reforma agraria. El Gobierno trató de descargar toda la culpa sobre los guardias. Éstos testificaron que actuaban por orden directa de Azaña.
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